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Decreto Real de su Excmo. y magnífica majestad imperial de España Felipe III en el s. XVII ; documento que hace referencia a la expulsión de todo sujeto musulmán* y morisco ( musulmanes converxos ) en los dominios de España ( no sólo en la península ibérica ). Se sabe hoy, que los converxos ya en 1492 en tiempos de los Mundi Imperators eran signados con colores y emblemas para diferenciarlos de los cristianos ; que vivían en zonas apartadas y marginadas por motivos de seguridad. Similares casos los tenemos en otras partes de Italia en siglos anteriores o en la propia Inglaterra en su primera expulsión con otras etnias y razas además de religiones. Sin embargo, los cristianos ostentaban prendas peculiares de moriscos como signo de distinción o supremacía con los subyugados amenazadores anti-cristianos. Los moriscos ( invasores de siglos ) de España fueron repudiados a su vez por los naturales de reinos musulmanes y sus puertos ; donde en el caso de Turquía, a su llegada, fueron objeto de racismo y discriminación absolutísima ; ya que veían en ellos a cristianos y no musulmanes, sobretodo por sus abundantes cabellos rubios y ojos azules en los expulsados de Hispanie. Abajo fotografía, inmediatamente abajo, de otras etnias no occidentales que luchaban al lado de los musulmanes durante siglos o eran refugio de ellos décadas antes de poseer España a los Reyes Católicos. Felipe III tuvo que realizar éstos proyectos de seguridad ante el continuo avance del Islam y su despiadada forma de expandirse hacia otras partes de Europa, ello supuso que numerosas contiendas con los Ejércitos protestantes se paralizaran momentáneamente.

 

 

 

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– Introducción personal para el artículo referido –

 

Es necesario aclarar, y, no menos que esclarecer, que cuando se habla de algo que se refiere como -total- implica el comprender un todo, es decir, que al prohibirse la presencia de todo rasgo y reminiscencia del Islam se sobreentiende que los que seguían éstas prácticas ya estaban -totalmente- prohibidas siglos antes. Y, ante la duda, se optó por la total erradicación no sólo de las gentes que profesaban la secta del Islam sino también los descendientes de familias moriscas ya posteriormente converxas ; de ahí el término total para referir la expulsión del Islam y sus gentes converxas al cristianismo. Esto es muy importante para llegar a alcanzar los datos científicos de la Historia que ha sido muchas veces maltratada para todo tipo de fines ; casi siempre en los últimos siglos donde La Masonería y sus sucursales ( incluida herramientas como La Enciclopedia ) han incrustado datos históricos como propaganda política, y siguiendo la línea de La Leyenda Negra contra Occidente, en concreto contra España.

La Leyenda Negra donde algunos historiadores relacionan con períodos centrados en naciones como Italia, pero otros más precisos lo aportan con el Príncipe de Orange y sus traducciones multi-lenguajes contra el Imperio Español. Otros apuntan que ese príncipe se nutrió de Las Casas ( de origen judío y familia converxa parcialmente ).

Es llamativo observar a otros colegas de América aportar datos relacionados con La Leyenda Negra contra España ( no hay otra leyenda mayor parece ser en la Historia ) pero quedán muchas veces inacabadas al no aportar que La Leyenda Negra continuó con Simón Bolívar ; precursor de las ideas independentistas contra España además de otros personajes peculiares vinculados a La Masonería.

En la época de Felipe III España era nación occidental que estaba todavía por encima de otras naciones avanzadas de Occidente, en todo tipo de aspectos, aunque ya se veía la decadencia que se apoderaba de las Cortes de toda Europa. Los caminos de esa España estaban bien protegidos -contra lo que se ha dicho- pero la nación quedaba mermada por las numerosas campañas bélicas en el Mediterráneo y el N. de Europa, ello supuso que las fronteras y esos caminos ya aparecían como inseguros, acompañados de sucesos alarmantes como violaciones, herejías, sacrilegios, y amenazas varias que llegaban a las costas levantinas con el secuestro de navíos o razzias en localidades cercanas a las playas de esas zonas. Se creó un macroplan de intendencia y logística para expulsar a todo resquicio de gentes no occidentales.

Todavía hoy, algunos simpatizantes del estudio de la Historia, y aficionados a la misma, apuntan -casi siempre- al terminar o apunto de finalizar sus aportaciones científicas, que, en el S. de España hay herencia musulmana y similar formato. [ ¡ Que maravillas de monumentos en Andalucía ! ] Teniendo en cuenta que dónde se aporta la información -de forma física y presencial- es casi siempre en localidades exteriores de la actúal C. A. de Andalucía, aparecen esas mesas de debates con el interlocutor dando por hecho que lo que se opina es sinónimo de ciencia, y sabemos que ésto, por de pronto, es destrozar todo el trabajo realizado por el expositor ( el de las mesas de debate ), algunas veces por quedar bien, o por desconocer otras obras científicas, se acepta ( ó permiten ). Traspasando kilómetros cuando dichas mesas de charla-coloquio son colgadas en Internet.

Ya en otros sitios y artículos básicos, de ciencia, con su bibliografía, ó incluso con otros más artículos científicos para el ADN de la población coetánea de España, aniquila sin piedad las apresuradas, aunque con buena intención, esas y otras más, exposiciones limitadas, que, al no ser explicadas -se dejan ahí, y el público se lo cree- cometen una negligencia y un daño continuado, donde precisamente, el propio expositor contiene un perfil anti-masón o que está en contra de ésta secta ( quizás simplemente con perfil occidental ) le ¨ hace la cama ¨ a dicha secta supranacional de poder e histórica anti-occidental, aunque casi siempre, de forma involuntaria, indirectamente.

Todo lo que era la zona occidental del S. de España, es decir, el antiguo Reino de Sevilla, ya desde el siglo XIII, quedó sin presencia musulmana ( toda zona reconquistada ), no así otras zonas de España ; como fueron algunas zonas levantinas y del Reino musulmán de Granada. Los Reyes Católicos hicieron un experimento en el s. XV, finales, con la zona reconquistada de Granada, nadie rebate ésto, es famoso por los historiadores, lo que no se dice es que esas gentes musulmanas no tenían permitida su estancia en los dominios de España, y mucho menos, tampoco se dice que los que se convirtieron al cristianismo vivían apartados en zonas marginales de las ciudades y poblados. Los famosos poemas en aquellos tiempos de expulsión musulmana han quedado patente para la Historia, entre llantos y lamentaciones [ se arañaban los rostros y maldecían en sus idiomas su infortunio ] de esas gentes no occidentales ( y anti-occidentales ) embarcaban en el que hoy es el famoso Puente de Triana, y su muelle, día trás día, un trasiego de gentes conducidas, lugar donde se celebra la famosa competición popular de La Kukaña ( ó cucuña, de origen vascuence ), con destino al N. de África ó al Reino musulmán de Granada, era todavía el s. XIII, mediados de éste. Madrid por entonces era una simple aldea insignificante, que hasta el s. XV ( finales de éste )  no conseguía llenar a 900 aldeanos, casi todos pastores e conejeros o de oficios humildes.

A esos y a otros que sucumben en La Leyenda Negra tan fatídica para el pueblo español, hay que decirles por encima de todo : ¡ Un respeto a sus mayores ! ( si tenemos en cuenta los repobladores del Reino de Sevilla, de linaje y heráldica ), diría aquel honorable guerrero medieval castellano y occidental. Cuando Sevilla se convierte en ciudad del mundo occidental contaba con más de 80.000 habitantes al igual que Barcelona, le seguía la ciudad de Valencia, y Madrid todavía no alcanzaba la categoría de ciudad ; seguía sin sobrepasar Madrid los 900 aldeanos, cifras científicas después de que Madrid fuera una de las aldeas donde se auxiliaba a la campaña de Granada, al igual que otras zonas de Las Vascongadas, y de Sevilla, por este motivo se aumentó los lugareños a esas cifras de novecientos aldeanos, por lo que unas décadas antes ni siquiera llegaban a doscientos aldeanos ( para Madrid ) antes de La Reconquista de Granada.

Los converxos*, musulmanes, al igual que otras gentes no occidentales, como los judíos, éstos últimos debido a unos determinados oficios de grandes posibles llegaron a pulular por las Cortes de algunos reyes, pero no tenían todos los derechos reconocidos, factores que tampoco han sido aportados por muchos historiadores, su presencia era sospechosa la mayor parte de las veces que interactuaban con empresas cristianas o proyectos de la Iglesia. Los moriscos no deseaban ser asimilados por los occidentales, ni siquiera creían en respetar las leyes de España ; pero lo que tampoco apuntan muchos historiadores es que ni siquiera hablaban… :

¡¡¡ castellano !!!

( ó latín ).

[ Es más, entre ellos mismos, entre los moriscos había dificultad de entendimiento, por el amplio crisol de contaminación de hablas y dialectos islámicos ].

Eran comunidades de converxos ó mal denominados ¨ cristianos nuevos ¨ que no tenían interactuación alguna con los cristianos, excepto para la venta de algunos productos y permisos de acceso de mercancías determinados días del año en algunos mercadillos fortificados de Castilla. Esas comunidades marginadas ó mejor dicho automarginadas por los converxos podrían ser consignadas como algo parecido a comunidades extrañas para los españoles, y que evitaban merodear. Hubo bautizos y algunas comuniones, pero no sinceras, casi siempre por no decir siempre para conseguir algún beneficio de sus señores naturales : los señores cristianos y villanos*. Aunque como sabemos el Feudalismo quedó extinguido con los Mundi Imperators ; ya antes de conseguir la corona de Castilla, donde no sólo había enemigos en Castilla también en Portugal.

En el s. XV, en ese experimento de Los Reyes Católicos, esparcieron a los musulmanes del antiguo reino musulmán de Granada por toda Castilla en la zona central, y levantina, además de parte de Aragón ( el bajo Aragón ). Y, pronto volvieron los problemas. Estos datos tampoco se especifican cuando se dice algo al referir a Andalucía, máxime cuando el Reino de Sevilla se mantenía sin presencia morisca en su zona oeste ( Huelva, Sevilla, Cádiz y parte de Córdoba entre otras zonas más ). Las zonas rurales de Castilla ( toda la meseta central ) se inundó de presencia morisca, que tanto tiempo había estado exenta de ella, y las ya referidas zonas aledañas del SE. Ni una reseña de ésto aparece en ¨ esas mesas de debate ¨, donde el N. de España y el SO. de España ( Reino de Sevilla ) vivía al margen de esas gentes moriscas esparcidas -por orden de los Mundi Imperators -.

El recelo era ya histórico con los nuevos pobladores, que hicieron su costumbre al quedar apartados en zonas de labriego casi desérticas, y donde se veía el aumento de población no sólo por su alta demografía y procreación ; una familia musulmana estaba constituida por entre tres y cinco mujeres ; cada mujer poseía una  media de entre tres a cinco infantes, y el marido se dedicaba a supervisar las labores de sus labriegos : las mujeres, sus mujeres ó esposas. Estas gentes converxas pronto fueron detectadas como herejes, e invitados a salir de la península, los interesados que incurriendo en vulnerar la ley real aludían a que eran familiares lejanos y no esposas, donde la taqiyya* era casi permanente. No era extraño utilizar éstas técnicas para eludir la Justicia, y mantener su alta tasa de natalidad, ya que desde los puertos levantinos acudían viajeros musulmanes hacia la meseta central o el bajo Aragón, otros en la zona levantina. Estaban informados de todos los movimientos de los cristianos, y los barcos piratas del N. de África eran habituales en las costas levantinas, lo que tocó firmemente el gran problema del rey de España, Felipe III vería como numerosas naves eran presas por los piratas moriscos y berberíscos, y decididamente comprendió que había que utilizar el bisturí en la consiguiente operación magna contra el Islam. Es lícito decir que el Islam fue prohibido en España en el s. XV, también es lícito decir que los últimos reductos del Islam fueron expulsados a principios del s. XVII ( los converxos* ).

-Fin de la introducción personal-

Reinado de Felipe III

  • los válidos.
  • expulsión de los moriscos.

 

 

En una fecha imposible de precisar exactamente, el desmesurado Imperio Español, contenido su proceso ascensional, inicia un declive que, con breves períodos de estacionamiento y con efímeros intentos de reacción, llega a los últimos extremos del decaimiento y de la desventura. Los historiadores modernos suelen fijar el comienzo de la larga decadencia de España en el fracaso de la ¨ Armada Invencible ¨ ( que no era invencible, apodo otorgado por el mundo anglosajón ), que señala el final del predominio marítimo español y el auge del de Inglaterra, que, con muy escasos intervalos de paz, viene a ser el más constante de los enemigos de España. Los contemporáneos tardarán mucho en darse cuenta de este abandono de la fortuna. Los más enterados y perspicaces comienzan a manifestar su alarma hacia 1635, en el reinado de Felipe IV, ante la muchedumbre y encono de los enemigos y el sucesivo empobrecimiento de la península, único soporte de la política imperial.

El pesimismo abarca círculos mas extensos con la rebelión de Cataluña y, sobre todo, con la de Portugal en el año fatídico de 1640.

La confianza del pueblo en un retorno a las épocas de grandeza, cuyo recuerdo halagaba su orgullo, permanece en tanto perdura la augustísima casa de Austria y acaso vive latente mucho tiempo todavía. El pueblo -tomando esta palabra en su más amplio sentido- atribuía los desastres a la maldad o a la inepcia de los gobernantes, que son siempre las víctimas propiciatorias de los pecados de todos, y cada cambio de gobierno producía una explosión de jubilosa esperanza, siempre seguida de amargo desengaño.

Con la perspectiva suficiente, hoy podemos aliviar de muchísimas culpas a los reyes y a los gobiernos que se suceden desde la muerte de Felipe II, en 1598. La vida de los imperios tiene, como la de los seres vivos, su proceso biológico, que es imposible eludir. Todos los que se han sucedido a lo largo de los siglos en el predominio del mundo han conocido períodos de trabajosa y heroica integración, de triunfal apogeo y de decadencia, que los esfuerzos de los mejores no consiguen contener. Se agotan las clases directoras y se hace cada vez más rara la aparición de grandes valores capaces de dirigir los rumbos de la nave imperial. El pesimismo invade todas las clases sociales y esteriliza sus energías. La desmoralización y el desaliento cunden y se difunde el ¨ espíritu de la derrota ¨. Era infinitamente más poderosa todavía la España de Carlos II, que nombraba virreyes y gobernadores para una gran parte del orbe, que la de los Reyes Católicos, pero la España del 1500 estaba penetrada de ese optimismo triunfal que hace fáciles todos los sacrificios y posibles todas las victorias, en contraste con el hondo desengaño de los súbditos de un rey que aún lo era de México, del Perú, de las islas del Extremo Oriente, de Milán, de Nápoles, de Sicilia, de Cerdeña y de los Países Bajos católicos.

Ese empobrecimiento de las clases directoras se advierte en los inmediatos sucesores de Felipe II, Felipe III, Felipe IV y Carlos II, cuyos largos reinados cubren todo el siglo XVII, eran amantes de sus vasallos, de fondo profundamente cristiano, siempre rectamente intencionados y no desprovistos de virtudes y de cualidades. Uno de ellos, Felipe IV, cuyo reinado es de los más largos de la historia de España, era hombre de extraordinaria gallardía personal, de clara inteligencia y de fina sensibilidad Pero ninguno de ellos tuvo el genio y la vocación de la política y la pasión por el oficio de reinar, el más bello y el más penoso que pueden ejercer los hombres, de sus antecesores Isabel y Fernando, Carlos V y Felipe II.

Los reyes españoles del siglo XVII se limitan a cumplir escrupulosamente los deberes burocráticos de la corona, pero lo más de su tiempo se pasa en el ambiente cortesano de placeres y fiestas palatinas, de una frivolidad que en aquel tiempo de tragedia causa espanto. Ninguno era capaz, como Gustavo Adolfo de Suecia, de ponerse al frente de sus tropas ni, como Luis XIV, de tomar la iniciativa de la política y llevar personalmente la dirección del Estado.

La presencia oportuna del rey en Lisboa, en Barcelona o en Italia hubiera evitado muchos conflictos, pero el monarca era cautivo de aquella muchedumbre de ociosos que consumían estérilmente lo más de las rentas de la corona, que le deslumbraban con una eterna fiesta y que le esclavizaban con las minuciosas leyes de una etiqueta abrumadora. Nada tan instructivo como la lectura de las ¨ Etiquetas de la Casa de Austria ¨, publicadas en el año de 1651, cuando amenazaban desgajarse tantas ramas del Imperio Español. Se enumeran mayordomos, camareros, caballerizos y monteros mayores del rey, de la reina y de los infantes, que eran grandes señores ; mayordomos, gentileshombres y damas pertenecientes a familias tituladas o decoradas con hábitos militares, hasta la muchedumbre de empleados con vagas funciones de denominaciones exóticas :

( panetier, valet servant, escuyer de cocina, guardamanxier, grefières, sumilleres, potasier, buxier, costilleres, acrois, mariscal de logis, etc. ), que revelan su origen borgoñón. Sin contar la turbulencia de bufones y enanos y la tropa de pícaros y galopines que al amparo de algún conocido pululaban por cocinas y caballerizas.

Para darse cuenta del extenso y meticuloso aparato a que la etiqueta sometía a los príncipes conviene leer el libro en que el académico don Antonio Rodríguez Villa glosa las ordenanzas de 1651. La Corte de Madrid se había convertido en una corte oriental.

De cómo vivían estos personajes semidivinos son testimonio los párrafos de Rodríguez Villa que describen el ceremonial con que el rey se llevaba la copa a los labios… :

 

¨ El ujier de sala iba a llamar al gentilhombre

de boca que le correspondía servir de copero y,

acompañados de la guardia, entraban en la cava,

donde el sumiller de ella le daba en una mano la

copa de S. M. ( su majestad ), y en la otra la de la salva ;

después daba al ujier las fuentes,

y él llevaba un jarro y una 

taza grande de salva, donde se colocaba la copa

cuando S. M. ( su majestad ) la pedía.

Un ayudante del oficio de la cava

llevaba los frascos de vino y agua…

El copero se mantenía un poco apartado del mayordomo

y fuera del estrado, mirando siempre a S. M. ( su majestad ) para

servirle la copa a la menor seña. En este caso, el copero iba por ella 

al aparador, donde ya la tenía dispuesta el sumiller de la cava,

quien, descubriéndola, daba la salva al médico de semana y al copero,

y éste, tornándola a cubrir, la llevaba a S. M. ( su majestad )

precediéndole los maceros, y el ujier de sala, tomándola en la mano

derecha y llevando en la izquierda la taza de salva, con 

cuya misma mano izquierda quitaba la cubierta de la copa,

tomaba la salva y daba a S. M. ( su majestad ) la copa en su mano,

hincando una rodilla en el suelo,

teniendo todo el tiempo que S. M.  ( su majestad )

tardaba en beber,  debajo de la copa la taza de salva, para que, 

si cayesen gotas, no se mojase el vestido. Acabando éste de beber,

volvía el copero a poner la copa en el aparador

de donde la había tomado ¨.

Horrorizaba pensar, en el tormento de un príncipe que había de organizar, cada vez que le apeteciese  un sorbo de vino o de agua, semejante batahola.

Es falso -como dicen algunos aficionados de la Historia- que Madrid fuere ciudad imperial o del reino, por de pronto España nunca tuvo una ciudad del reino reconocida, según numerosos monarcas hispanos, y hasta nuestros días, vigente : ¨ mientras que haya monarquía España no tiene ciudad del reino fija ¨.

Según cartas de los jesuitas, apenas se supo en Madrid la elección del rey de Hungría, cuñado de Felipe IV, como Rey de Romanos en 1637, se gastaron en luminarias cacerías, encamisadas y cosas semejantes 150.000 ducados, y esto no fue nada en comparación con las fiestas princepescas que se celebraron con el mismo motivo del 15 al 25 de febrero y que fueron las más grandiosas que conoció la corte de España. Sólo la mascarada de la noche del 15 costó, según el autor de ¨ Noticias de Madrid ¨ ( 20 de febrero de 1637 ), 300.000 ducados. Ciertos jesuitas señalan que en una fiesta náutica en el estanque del Retiro ¨ se trata de gastar 800.000 ducados ¨. Y este dispendio continúa en los días más angustiosos de las revoluciones de Portugal y de Cataluña.

Lo que causa mayor tristeza en este quemar los tesoros que urgían en los teatros de la guerra es su frívola esterilidad. Los cardenales de Este y de Farnesio, Felipe II, Luis XIV gastaron sumas enormes en sus palacios, en El Escorial, en Versalles, pero sus monumentos permanecen para decoro de sus países y perpetuo solaz del pueblo. El oro, en tiempo de los últimos Austrias, se derramaba en efímeras escenografías, en fuegos artificio, en fiestas de brillante y pasajero recuerdo. De la corte de Felipe III no nos queda sino el palacio de Valladolid y de la de Felipe IV el del Buen Retiro, que desdeñaría el menor de los potentados de Italia. Ni siquiera tuvieron estas fiestas felices consecuencias literarias. Los reinados de los Felipes señalan la cúspide del Siglo de Oro Español, pero la gran literatura de este tiempo se produjo fuera del ambiente cortesano. Si Calderón es el más grande dramaturgo de todos los tiempos, no lo es por ¨ La púrpura de la rosa ¨ ni por ¨ La gloria de Niquea ¨, que con fastuosas escenografías se representaban en la corte. A veces esas fiestas se llevaban al colmo de la chocarrería y la irreverencia. Es claro indicio de la decadencia de España la descripción, en las mencionadas cartas de jesuitas, de la mascarada que ante los reyes tuvo efecto en el Buen Retiro el domingo de carnaval de 1638. Simulaba la boda de una dama de la corte. Casó a los novios el conde de la Monclova, vestido de patriarca de las Indias. Un ayuda de cámara viejo representaba el papel de Felipe IV, y Carbonell, el famoso arquitecto,

¡ el de la reina Isabel de Borbón !

El marqués de Aytona y otros grandes señores iban vestidos de damas de la corte y de dueñas otros caballeros. ¨ La novia fue otro ayuda de cámara viejo, de muy mala cara ¨, y el novio el bufón Zapatilla. El conde-duque hizo de portero y otros grandes señores de alabarderos o de criados. ¨ A algunos -escribe el padre Sebastián Gonzalez- no ha parecido tan ajustado a la decencia el traje, aun para burlas, a las personas que le llevaban. ¨ Solamente fue bien gastado en este derroche el dinero que Felipe IV y Carlos II, entusiastas aficionados a la pintura y finos conocedores emplearon en la adquisición de lienzos maravillosos, escogidos con insuperable acierto.

[ Ya podemos atisbar el motivo de la persecución a los jesuitas en épocas posteriores y la malidencia que ha llegado a apoderarse de todo tipo de políticas a favor y en contra de La Masonería ].

Aún más desastrozo es el cuadro que ofrecen, a través de la literatura de la época, de las citadas cartas de jesuitas, de los ¨ Avisos ¨ de Pellicer y de don Jerónimo de Barrionuevo, los altos estratos sociales de España en el siglo XVII. Una nobleza ociosa y corrompida, carente de ideales, ávida de dinero para poder derrocharlo en una vida sin freno moral. Por el más leve puntillo de honor corre la sangre a torrentes, pero este singular concepto de la honra no llega a impedir las acciones más bajas e impropias de un caballero. Así, aquel suceso ocurrido en 1463, que cuentan los jesuitas, de un hidalgo con merced de hábito que, pistola en mano, obliga a una señora principal a que le entregue sus joyas, y aquel asalto, que se cuenta en otra carta, de mozos de la mejor sociedad a la ¨ Casa de la Nieve ¨, de Madrid. En Valencia, el conde de Sinarcas, como el virrey quisiese desterrar a una comedianta con quien vivía amancebado, se fue con ella a la sierra a vivir entre bandoleros. Al guardián de San Francisco, que reprendió el hecho desde el púlpito, lo mataron de un arcabuzazo. ¨ De estas tramoyas hay cada día muchas ¨, esribe un jesuita.

Las memorias del capitán Alonso de Contreras, las de don Diego Duque de Estrada, nos revelan una sociedad de demonios, entregados hasta la locura a los siete pecados capitales : demonios que, por singular contradicción, creyesen a Dios y le amasen.

La corrupción había penetrado en todas partes, hasta en las órdenes religiosas más penitentes y recogidas. Claro es que los avisos y las cartas no nos dan una visión total de la sociedad española, pues no reflejan sino la espuma del mal, que salía a la superficie, y no la virtud callada, el esfuerzo heroico, el sufrimiento del pueblo de menestrales y de labradores, que quedaban ocultos. Hubo todavía una minoría, más reducida cada vez, de hombres inteligentes y honrados que intentaban salvar de aquel caos el Imperio español ; hubo santos religiosos y soldados valientes, que cumplían con su deber en el campo de batalla, pero aun en esta selección de los mejores se advierten la desesperanza y el desengaño, que entibian el ánimo y le hacen poco propicio a grandes empresas.

La política española del s. XVII carece de un rumbo y dirección definidos. Es la época de los arbitristas, del ¨ salir del paso ¨en cada momento, como se pudiese.

[ Sólo un milagro podría cambiar esas políticas tan insulsas en el Imperio Español ]

-El Ejército Español, y los OVNIS-

La tenaz confianza de los españoles en su fortuna se cifraba en la posibilidad de un milagro que devolviese a España el predominio en el mundo.

¨ Ahora entra una cosa bien singular -escribe un padre jesuita en 1639, comentando los sucesos de la guerra del Rosellón-…Al tocar a embestir los nuestros en los enemigos, calando las picas y sacando las espadas, se vio con la oscuridad de la noche en las puntas de las picas y espadas, en cada una [ una ] estrella o cosa que le parecía, tan resplandenciente al parecer como las del cielo, cosa que admiró grandemente a los nuestros y los vistió de espíritu tan alentado que dicen blasonaban los soldados que si toda Francia les acometiera no dudaran en embestirlos…

Parece tiene mucho de misterio y que Dios quiso favorecer o con medios naturales la justicia de su causa o con extraordinarios para alentarlos, y que fiasen más del poder divino que de las fuerzas humanas ¨.

Los españoles llevaban consigo un estandarte de la virgen María. Y posiblemente esas luces u objetos voladores no identificados entendieron que se protegía a una mujer y un niño, o a la propia virgen María y su hijo. Y asustaron al bando rival, parece ser, con todo tipo de maniobras o juegos luminosos, los objetos brillantes ( o estrellas ).

Tres factores son los principales motivos que aparecen para la expulsión de los moriscos ( converxos ) de España :

  1. El deseo de unificar la península en lo religioso,
  2. el peligro que representaba su potencial unión de los moriscos con los turcos,
  3. así como la competencia que hacía a los artesanos la mano de obra morisca, más barata, se unieron para desembocar en el decreto de expulsión de los moriscos españoles.

La muerte de Felipe II en su celda de El Escorial, a las cinco de la madrugada del 13 de septiembre de 1598, señala el fin de un sistema político y la iniciación de otro régimen de gobierno. El rey difunto había gobernado personalmente, mártir de su concepto del deber, su inmensa monarquía, cuyos recursos se empleaban íntegros en la gran idea en que rey y pueblo coincidían : la defensa de la cristiandad contra protestantes y mahometanos. Salvo en el caso inexplicable de Antonio Pérez, sus ministros eran capaces y austeros, y con errores y tropiezos mantenían la dignidad y el prestigio del Estado. Con Felipe III reviven ya, para permanecer todo un siglo, los tiempos de Juan II y de Enrique IV, con sus luchas cortesanas entre favoritos, ávidos de poder.

El nuevo rey, que había sido recibido con el júbilo con que el pueblo español, enfermo que cree mejorar con un cambio de postura, acoge siempre la transmisión del poder a nuevas manos, fue acaso, entre los Austrias españoles, el más dotado de virtudes personales y el más carente de dotes políticas. Había nacido, de las cuartas nupcias de Felipe II con su sobrina Ana de Austria, en Madrid el 14 de abril de 1578. Fue el único varón que sobrevivió al rey, el cual sufrió la dolorosa inquietud de ver morir a otros tres varones nacidos de este su postrer matrimonio. Eligió con sumo cuidado y seleccionó a su tutor como preceptor del príncipe a don García de Loaisa Girón, canónigo de Toledo, y como ayo a don Juan de Zúñiga, príncipe de Pietrapercia e hijo del que lo había sido del mismo rey. Murió a poco don Juan y fue substituido por don Gómez Dávila, marqués de Velada, venciendo el escrúpulo de que el abuelo del marqués hubiese sido famoso comunero. Era de dulce y pacífico carácter el príncipe, no mal estudiante, y profesaba hacia su padre fervorosa admiración. Si sobre su infancia había pesado el recuerdo de tantos príncipes muertos, sobre sus adolescencia hubo de gravitar, de manera que influyó definitivamente en la formación de su carácter, la amarga memoria del príncipe don Carlos. Se tomaron las mayores precauciones para que no entrasen en su aposento jóvenes de su edad que pudiesen pervertirle. ¨ Púsosele guardia -escribe Cabrera de Córdoba- de criados virtuosos y ancianos, propios para regir y moderar con la imitación la inocencia de la edad mal segura ¨. El resultado fue que al llegar a los diecinueve años el futuro Felipe III era, sí, honestísimo y sumiso, pero tan tímido, que apenas sabía hablar con la gente, y los que acudían a visitarle salían desabridos, confundiendo, como suele suceder, la timidez con el orgullo. ¨ Porque aunque los que conocen familiarmente a Su Alteza saben que esta cortedad sale de la vergüenza grande que tiene -escribía a Felipe II don García de Loaisa en 1596-, los otros juzgan diferentemente y van muy desconsolados y descontentos de su presencia. ¨ El discretísimo don García proponía como remedio sacarle de su aislamiento, haciéndole cultivar el trato de gentes y procurando que interviniese en fiestas y regocijos.

Aún mayor error fue el apartamiento del príncipe de toda intervención en los negocios de Estado. El rey, en la última década del siglo, amargado por la enfermedad y por las desgracias, era cada vez más receloso y taciturno y, como suele acontecer con los viejos, se resistía a dejar de la mano los resortes de una autoridad de la que, al cabo, había de desprenderse en breve. Tardíamente, ante los requerimientos de don García de Loaisa, se dio entrada al príncipe en la Junta o Consejo Privado con que el rey quiso descargarse un poco del trabajo en sus últimos años, pero, como advierte Cabrera, aquel incorregible trabajador requería para sí todos los asuntos, aun en su lecho de muerte. También en los últimos años Felipe II había expresado su temor de que alguien se apoderase de la voluntad de su hijo, pero, en rigor, no había hecho nada por evitarlo, fortaleciendo esta misma voluntad.

-CRISTIANOS VIEJOS Y CRISTIANOS NUEVOS-

( Breve visión bibliográfica )

La crisis religiosa, el empeoramiento vertiginoso de la situación económica, el consiguiente malestar social, fueron los culpables, en parte, de que se exacerbaran los ánimos de los cristianos viejos españoles contra los moriscos ( para decir a los converxos* ).

¨ Un enconado odio popular va cundiendo contra ese pueblo sobrio, industrioso, avaro, prolífico y a quien no diezmaban ni la guerra ni las vocaciones religiosas. Odio contra el hábil artesano, contra el tendero enriquecido, contra el buñolero que parece que gana algo con su negocio, contra el campesino que trae al mercado huevos y legumbres ; odio religioso, sobre todo. ¿ Los nuevos cristianos son cristianos verdaderos ? De boca, sí ; pero no de corazón. Se les ha vencido, pero no convencido, a pesar de algunos esfuerzos sinceros, aunque esporádicos, para catequizarlos ¨.

( F. BRAUDEL, El Mediterráneo y

el mundo mediterráneo en la época de Felipe II, vol. I ).

Y este odio no sólo existía entre las clases populares ; aparece también en las obras de los grandes literatos de la época, por ejemplo en CERVANTES :

¨ Todo su intento es acuñar y guardar dinero acuñado, y para conseguirlo trabajan y no comen ; en entrando el real en su poder, como no sea sencillo, le condenan a cárcel perpetua y a oscuridad eterna ; de modo que ganando siempre, llegan y amontonan la mayor cantidad de dinero que hay en España ; ellos son su lepra, su polilla, sus picazas y sus comadrejas : todo lo allegan ; todo lo esconden y todo lo tragan ; considérese que ellos son muchos, y que cada día ganan y esconden poco o mucho, y que una calentura lenta acaba la vida como la de un tabardillo, y como van creciendo van aumentado los escondederos, que crecen y han de crecer infinito como la experiencia lo muestra…Róbannos a pie quedo, y con los frutos de nuestras heredades, que nos revenden, se hacen ricos… ¨

( Coloquio de los perros ).

La animadversión ( odio ) contra los moriscos llegaba también a las esferas del alto clero :

¨ El arzobispo de Valencia, Juan de Ribera, hacía lucir ante el rey el aliciente de las ventajas que obtendría con la confiscación de todos los bienes y con la reducción a la esclavitud de muchos moriscos, que pondrían ser destinados a las galeras reales o a las minas, o vendidos a los extranjeros sin ningún escrúpulo de conciencia. En cuanto a los niños menores de siete años, el santo creía que podrían venderse en la propia España, a buenos precios y en gran cantidad. Y añadía que esto no sería para ellos una pena, sino una merced, porque así todos serían cristianos ¨.

( F. SOLDEVILA, Historia de España, vol. IV ).

Estos escritos, por de pronto, en el año 2017, ó antes de éste, serían objeto delictivo, quizás mejor decir constitutivos de delito, incluso con personajes de todo pelaje, acaso se ha dicho a CERVANTES, figura y marca España, con sus institutos en todo el orbe, y con su perfil de SIGNASUPERVESTES ( caballero cruzado, además de escritor y administrador del reino en su época ). No menos que personajes insignes de La Iglesia cristiana católica. Por lo que vemos que el delito tenía su causa y motivo natural dentro de éstos pasajes de la Historia, en concreto, al no declarar mucho textos históricos las razzias y ataques que sufrían los pacíficos habitantes cristianos tan benévolos y caritativos con otras etnias anti-occidentales en su propio suelo cristiano. Ya configurados los nuevos tiempos se rindió un simbólico homenaje a la figura de CERVANTES en el Templo Sagrado de la Democracia en el año 2016 ; acto presidido por un amplio abanico del extenso espectro político contemporáneo, e incluso con la presencia de infantes participantes.

-Breve cronología del reinado de Felipe III-

1598__Comienza el reinado de Felipe III.

1598-1602__Desembarcos españoles en Irlanda.

1599__Primera acuñación de cobre.

1600__Las tropas hispanas son vencidas en Newport por los holandeses y los ingleses aliados. Mauricio de Nassau trata de invadir Bélgica.

1601__Establecimiento del Consejo de los Millones.

1604__Los españoles toman Ostende. ( 28-8 ) Tratado de Londres : paz con Jacobo I.

1607__Los jesuitas obtienen el gobierno del Paraguay.

1609__( 9-4 ) Tregua de Doce Años entre las Provincias Unidas y España. Reconocimiento de hecho de la independencia de dichos Estados de los Países Bajos. ( 9-7 ) Los moriscos son expulsados de España.

1610__Alianza con la Santa Liga.

1611__Alianza entre Viena y Madrid.

1612__( 22-8 ) Paz entre Francia y España. ( 8-10 ) Esponsales de Luis XIII con Ana de Austria.

1616__Acuerdo de Gratz entre las diversas ramas de los Habsburgos, preparando la base táctica de los futuros acontecimientos de la Guerra de los Treinta Años.

1617__Tratado de Pavía con Saboya.

1619__Intervención hispana en la batalla de la Montaña Blanca, con lo que se inicia oficialmente la intervención española en el conflicto de los Treinta Años.

1621__Muere Felipe III.

-Consecuencias de la expulsión de los moriscos-

Casi 30 años después de la expulsión de los moriscos ( efectuadas entre 1609-1611 ), un memorial de 1638 informa que de las 453 localidades valencianas anteriormente ocupadas por moriscos, 205 seguían abandonadas, mientras que las 248 restantes habían exigido, para su repoblación, el abandondo de 13.000 hogares de cristianos viejos.

Con la expulsión de los moriscos, campesinos especializados en la agricultura de huerta, triunfó definitivamente la concepción feudal consistente en creer que la base de la economía agraria se encontraba constituida por los cereales, el olivo y el viñedo.

La corte, reintegrada a Madrid, continuó en sucesión inacabable ofreciendo comedias, cacerías y mascaradas, en alternación con magníficas funciones religiosas. El rey gustaba de los viajes y el privado favorecía esta afición, que apartaba al monarca del ambiente cortesano, cada vez menos propicio al duque y a sus ministros. La corte volvió a ser errante, como en tiempo de los Trastámara. Esta manía dispendiosa, que perturbaba y retrasaba el despacho de los negocios tuvo, sin embargo, como contrapartida favorable un mayor contacto entre el rey y sus vasallos.

El duque de Lerma no carecía de visión política y de cualidades de gobernante, aun cuando estas dotes quedasen desvirtuadas por su insaciable codicia y su obsesión de conservar a toda costa el favor del rey. De los problemas de política interior con los que el favorito hubo de enfrentarse, fue el más grave el de los musulmanes que aún permanecían en España a pesar de los esfuerzos de los reyes, los Consejos y los prelados a lo largo de todo el siglo XVI. En la continua contienda de España contra franceses y turcos, la presencia de estas masas de población, que constituían la mayoría en Aragón ( el Bajo Aragón ), en Levante ( la zona más al S. ) y en Andalucía ( oriental ), representaba un gravísimo peligro.

Enrique IV de Francia, aconsejado por Antonio Pérez, tan contumaz en la traición, conocía la eficacia de un entendimiento con los moriscos, con los cuales mantenía tratos, y la piratería turca y berberisca veía en los musulmanes convertidos ( converxos ) por la fuerza el mayor apoyo para sus ataques.

Felipe II había hecho lo humanamente posible para lograr la asimilación islámica a la masa católica de sus súbditos. Con su tenacidad y su indecisión habituales convocaba juntas y más juntas que eran incapaces de resolver el problema. La elevación al arzobispado de Valencia de un varón apostólico de gran cultura y clara inteligencia como don Juan de Ribera hizo alentar algunas esperanzas. El nuevo arzobispo trabajó denodadamente en la obra misional, pero al cabo de los años sus informes eran cada vez más pesimistas.

Ante los continuos fracasos, comenzó a hablarse de expulsión, pero Felipe II, que, según el historiador de estos sucesos, padre Boronat, ¨ tal vez pecase más de cándido que de prudente ¨, no tomó, para atajar el mal, otra provisión que reunir nuevas juntas, cada vez más ineficaces.

En este estado estaba el problema cuando comenzó el reinado de Felipe III y la privanza de don Francisco de Sandoval. Por de pronto se siguió el mismo sistema de intentos de conversión, generosos e ineficaces.

El 16 de julio de 1599 se publicó un nuevo edicto de perdón y se imprimió un catecismo, adaptación del de don Martín Pérez de Ayala, arzobispo que había sido de Valencia, pero los informes de don Juan de Ribera eran cada vez más pesimistas. El Consejo propuso la expulsión y parece que el decreto fue redactado en 1602, pero su publicación se retrasó algunos años.

Era grande la presión de los señores de vasallos moriscos que temían ver sus tierras abandonadas, y en aquella época, en que la fantasía y la pereza motivaban una abundante floración de arbitristas, se ofrecían al rey los recursos más diversos, desde los que proponían, como don Juan Boil de Arenós y el marqués de Velada, la extinción de la raza vencida por medios violentos, hasta los ilusos como el llamado ¨ Mancebo de Arévalo ¨, que veían posible una fusión, especie de ¨ Interim ¨, entre las dos religiones.

Por otra parte, los moriscos, siempre bien informados, aun cuando seguían viviendo en sus lugares, cultivando sus tierras y practicando en secreto sus ritos ancestrales, venteaban ya algo de lo que se preparaba contra ellos y se disponían a reanudar la lucha de sus antepasados, siempre en derrota desde el siglo XI. En 1605, las morerías del reino de Valencia enviaron sus comisarios a una reunión en Toga, entre las montañas de Castellar, y a esta asamblea, de excepcional importancia por el número de los congregados, enviaron observadores los reyes de Francia y de Inglaterra. Dos españoles al servicio de Francia : el capitán Manuel Donlope, uno de los secuaces de Antonio Pérez, y Pascual Santisteban, procuraban concentrar en un gran movimiento revolucionario, en provecho de Francia, el descontento, el recelo y la amargura de los moriscos de las diversas comarcas. A través del Pirineo pasaban…

¡ armas !

y

bastimentos.

La conspiración, perfectamente urdida, pudo haber ocasionado un gran conflicto a la monarquía española. Fracasó porque los conjurados cometieron el desacierto de querer concentrarse con Jacobo I de Inglaterra, el cual, entregado entonces plenamente a la política española ( a favor de España ), lo puso en conocimiento de la corte de Madrid. La principal dificultad estaba en la oposición de los señores de vasallos moriscos ( amos ), movidos quizá por el interés, pero acaso también por el motivo, más noble, que hacía de los caballeros los defensores natos de cuantos de ellos dependían. El duque de Lerma, gran experto en materia de cohechos, propuso una solución hábil en el consejo de 30 de enero de 1608 : prometer a los señores las haciendas de los vasallos que fueren expulsados. El rey, de carácter extremadamente bondadoso, sentía escrúpulos de conciencia y los moriscos, bien informados de su situación, reclamaban desesperadamente la ayuda de los turcos. Sólo ante el peligro extremo que estas ayudas exteriores suponían, Felipe III se decidió al fin y dio al duque de Lerma la orden de expulsión, precedida de aprestos militares y navales.

La tregua de Holanda permitía afrontar el riesgo. [ Además de las buenas relaciones de Felipe III con el rey de Inglaterra, que contenía las ansias militares y políticas de los holandeses, principalmente ].

El decreto fue publicado solemnemente en Valencia el 22 de septiembre de 1609.

En realidad, estaba calcado del de los Reyes Católicos contra los judíos en 1492 y, como aquél, se atendía exclusivamente a la religión y no a la raza, pues los moros que en los años anteriores hubiesen vivido entre cristianos observando su tenor de vida y los que habían recibido la comunión en las épocas señaladas por la Iglesia eran exceptuados. [ Que eran casi todos, por lo que también fueron expulsados, documentalmente ( 1 ) ].

De cada 100 familias de un lugar, seis podían permanecer para enseñar a los nuevos pobladores -exclusivamente para éste cometido- el manejo de los ingenios de azúcar y los cultivos de huerta y arrozal en que eran maestros. [ So pena de decir que los cristianos ya sabían éstas técnicas pre-musulmanas ]. Los padres podrían dejar en España, si así lo quisiesen, los niños menores de cautro años. Estas excepciones se…

¡ anularon ! ( 1 )

[ Cosa la cual muchos investigadores, penetrados por las nuevas ideologías recientes, no creyeron interesante apuntarlas, y sólo referir que muchos musulmanes se quedaron en España hasta nuestros días, cuando se puede comprobar, científicamente, que no fue así, y que efectivamente fueron anulados esos peligrosos y aparentes buenos gestos hacia los musulmanes de raza* y religión ].

En el destierro de los moriscos se repitieron las escenas de amargura de la expulsión de los judíos en el siglo XV. Los seguidores del Islam converxos, último reducto del Islam en España, esa masa amenazadora y anti-occidental comenzaron progresivamente a dirigirse hasta presentarse ante los comisarios que habían de conducir la desventurada caravana al puerto donde esperaban las galeras del rey.

En Alicante se embarcaron los moriscos de aquella comarca ; otros lo hicieron en los Alfaques o en el Grao de Valencia. El destierro de los moriscos de Andalucía y de Extremadura, por los puertos del Sur, se llevó a cabo muy lentamente [ por motivos de seguridad ].

Los habitantes de las pequeñas aljamas de las ciudades de Castilla tomaron la vía de Francia, pero las autoridades de aquel reino ( Francia ), que habían hecho de aquellos desgraciados instrumento de su política, les dispensaron tan cruel acogida que fue preciso prolongar la interminable peregrinación hasta el puerto de Cartagena.

En Aragón, la actitud de los señores de vasallos ( amos ) hizo precisa una mayor energía ( más medios militares para frenar a los interesados explotadores amos ). Había también morerías en Cataluña y de ellas unas embarcaron en los Alfaques y otras pasaron el Pirineo.

La expulsión de los judíos se había podido realizar sin lucha, pues se trataba de gente ciudadana, entregada a los oficios, sedentarios y entre ellos abundaban los burgueses acomodados. Los moriscos, por el contrario, eran gente campesina y ruda, sobrios y valientes, que pocos años antes habían combatido contra el rey.

El 19 de octubre de 1609, los que esperaban el embarque en el puerto de Alicante se negaron a entrar en los navíos y se refugiaron en las montañas convertidos en monfíes o bandoleros, como los de la Alpujarra en tiempos de Felipe II. Como los alpujarreños, saciaron su sed de venganza en sacerdotes indefensos. El núcleo principal tuvo como fortaleza la Muela de Cortes, cerca de Jerafuel, en Valencia, castillo natural rodeado de abismos, de dificilísimo acceso. No tuvieron los moriscos valencianos la fortuna de los de la Alpujarra de que se ocupasen de ellos historiadores de la talla de don Diego Hurtado de Mendoza o de Luis del Mármol, ni fueron inspiradores de dramas o de novelas en el romanticismo. Eligieron por rey a un Vicente Turigi, natural de Lombay, que llegó a reunir…

¡¡¡ 20.000 !!!

moros bajo su bandera. [ Y con una sed de venganza sobreaumentada.]

Después, no sabemos por qué discordias civiles en el diminuto reino enriscado, los rebeldes eligieron un nuevo rey : un Millini de Guadalest.

Los alzados, a pesar de su número, fueron fácilmente derrotados por los veteranos soldados españoles mandados por un gran capitán, don Agustín Mejía, en un combate en que murieron Millini y 2.000 de los suyos ( moros converxos ).

No fue posible a los de la Muela de Cortes realizar una acción conjunta con otros núcleos ni recibieron ayuda alguna de los turcos [ los traicionaron los turcos por temor a los españoles, parece ser ].

Sobrevino la desmoralización y los moriscos ( converxos cristianos ), que se iban entregando en grandes grupos, fueron tratados con benignidad, si bien hubieron de resignarse a seguir la suerte de sus compañeros. Turigi, último musulmán ( converxo musulmán y su taqiyya ) que se llamó rey de España, cayó prisionero y fue ejecutado [ decapitado ]. [ Con él sus seguidores converxos ( moros converxos* ) que fueron pasados a cuchillo, miles también, y que complementamos la información científica referida. ]

Si alguna vez un gobierno ha adoptado una medida que contase con la aquiescencia de la mayoría del país, ha sido la expulsión de los moriscos decretada por Felipe III. [ Que quiere decir que los españoles estaban de acuerdo en la expulsión de los converxos* cristianos de España, evidentemente por motivos de seguridad ].

[ Otros datos no son referidos en éstas aportaciones, acaso como es el hecho de que los converxos no llegaron a aprender los valores cristianos y éticos ( ó morales ) pues por de pronto abandonaron a sus mujeres e hijos para huir a esas zonas amuralladas de resistencia, todos varones converxos en armas, que ya hemos descrito, y los problemas que se pueden deducir del control de gentes tan peculiar. ]

En el reino de Granada y en toda Andalucía se recordaban los horrores de la rebelión de 1568 y temían siempre que pudieran repetirse ; los habitantes de las costas levantinas sospechaban que la presencia de musulmanes en España favorecía los ataques de los turcos. Cabrera de Córdoba recoge la pasión del momento al enumerar los motivos por los cuales los cristianos viejos deseaban el destierro de las gentes de raza mora :

¨ Había cuadrillas de salteadores que robaban y mataban mucha gente, por el odio que tienen a los naturales por su mala inclinación y averiguación de los delitos y facilidad con que se recogen y encubren ¨.

[ Es decir, que los moros converxos en España, se ayudaban entresí, aún arropando a criminales que habían cometido todo tipo de acciones criminales contra inocentes y gente indefensa. Eran gente, sin duda, no occidental ].

No es nuestra intención sobreaumentar la figura de CERVANTES, caballero signasupervestes ( en La Batalla de Lepanto y su Santa Liga declarada por Roma ), aunque involuntariamente La Providencia lo hace aparecer por los investigadores insignes de la Historia. Ya hemos referido en alguna que otra breve visión bibliográfica algunos apuntes del odio de los españoles y sus figuras emblemáticas.

Cervantes, tan poco afecto a los musulmanes, como quien había sufrido la dureza de su trato en Argel, llega al extremo de alabar el decreto en boca de uno de los expulsados, el morisco ( converxo ) Ricote :

¨ Me parece que fue inspiración divina la que movió 

a Su Majestad a poner en efecto tan gallarda resolución…

Finalmente, con justa causa fuimos castigados con la pena

de destierro, blanda y suave al parecer de algunos,

pero al nuestro la más terrible que se nos podía dar… ¨

Es difícil justificar, desde un punto de vista exclusivamente moral, el decreto que arrancaba de sus hogares y de sus campos a tantas familias, a las cuales, al transportarlas a paises islámicos, se despojaba de toda esperanza de una cristianización paulatina.[ Donde ya La Masonería lo intentaría en las últimas décadas del s. XX y principios del s. XXI, de nuevo ].

Hasta el último momento gentes de la Iglesia intentaron apurar los últimos intentos, pero el resultado era siempre fallido. Acaso se sabe que las Juntas de teólogos incluso en la última hora ( de noviembre de 1608 a marzo de 1609 ) se reunió en Valencia, proponían siempre una intensificación de la catequesis, aun cuando personalidades tan insignes y bien informadas como el arzobispo de Valencia, don Juan de Ribera, desconfiasen del resultado. Políticamente, la cruel medida pudo justificarse por las continuas conspiraciones de los moriscos y por el peligro que suponían sus concomitancias con turcos y franceses.

Se ha exagerado mucho el perjuicio económico que España sufrió con la expulsión. Colonos de las comarcas montañosas y pobres de la península vinieron a ocupar el puesto de los desterrados ( los converxos ) y es lo cierto que en muy pocos años las vegas de Aragón, de Cataluña, de Valencia y de Andalucía estaban tan bien cultivadas como en el siglo XVI y habían recobrado su prosperidad económica.

[ La raíz judaica hace asemejar muchas veces éstos episodios malogrados para los desagradecidos converxos cristianos, por ello otras veces se ubican informaciones más románticas que  certeras, donde se dice que algunos fueron perdonados de la expulsión ; pero eso no se produjo ; ya que los primeros intentos fueron corregidos con el castigo de prisión, o incluso la retirada de títulos a esos señores de vasallos ].

Vuelve el –signasCervantes a referir el drama, quizás ya saboreando su venganza histórica para los que promueven la mentira y su disimulo ( la Taqiyya* ), en boca del morisco Ricote… :

¨ Do quiera que estamos llorando por España, 

que en fin nacimos en ella y es nuestra patria natural…

No hemos conocido el bien hasta que le hemos perdido ;

y es el deseo tan grande que casi todos tenemos de volver

a España, que los más de aquellos, y son muchos, que saben

la lengua como yo, se vuelven a ella ¨.

[ Posteriormente el autor recopilante de la información, vuelve a insistir en algunos perdones y pleitesías, ahora ya diferenciando a los que hablaban y no hablaban el castellano en esas masas converxas* de moriscos expulsados, donde ahora refiere que algunos retornaron ; pero sin pruebas científicas, y, que, son propias de las políticas de La Enciclopedia y de La Famosa Propaganda ( de guerra ) ya instaurada desde la finalizacion de la Segunda Guerra Mundial, de forma preponderante, por ello se atisba éstos regalos y pequeños gestos pronunciados para acercar posturas raciales y no ciencia ; como p. ej. que en algunos trazos los sitúa en Francia, cuando también fueron rechazados como es sabido en épocas posteriores ].

En otros apuntes, complementarios, poblaciones como : Cofrentes, Jarafuel y Ayora en la región valenciana fueron enteramente pobladas por moriscos, luego tras la expulsión : aldeas fantasmas.

Poblaciones en la región valenciana como ; Castellón de la Plana, Onteniente, Bocairente, Alcoy, Alicante, Morella, San Mateo, Vinaroz, Chelva, Peníscola, Lucena, Onda, Culla, Ademuz, Segorbe, Liria, Alcira, Sueca, y otras muchas más nunca tuvieron población morisca. En otras poblaciones también valencianas la presencia morisca era testimonial cerca de la ciudad o castillos donde se concentraba la población cristiana, tal fue así con la propia ciudad de Valencia exenta de población morisca también. ( Ref. en 1609, según T. Halperin Donghi ). [ Cabe reseñar, que la población morisca, se refiere a los converxos* ; moriscos convertidos a cristianos ].

Por eso, ya lo enunciábamos, en el principio del artículo, aproximarse a la Historia, y no dejarse llevar por referencias apresuradas y no precisas. Tal parecido para otras poblaciones y regiones en aquellas épocas tan remotas.

HAMILTON afirma que la cifra de 101.694, compilada por los miembros de la comisión regia encargada de la expulsión, le parece verídica.

El profesor REGLÁ, gran especialista del tema, da una cifra mucho más elevada, aproximadamente, más de 500.000.

LAFUENTE, más centrado en las cifras del Duque de Lerma que consiguió por el plan de expulsión y su apropiación de tierras y heredades de más de 500.000 ducados, o sean cinco millones y medio de reales ( Historia general de España, vol. II ). O, incluso ESCOLANO, autores nada contemporáneos.

[ La zona referida a la resistencia temporal de Guadalest, se ubica en la provincia de Alicante, donde Millini, fue sometido por las armas ].

– ¿ Y cuál es nta. opinión al respecto para esas cifras tan difíciles de pronosticar en lo que se conoce como expulsados converxos* ? ( Pregunta el que comparte la información científica ).

Creemos que algunos investigadores como HAMILTON, no han precisado, esos baremos, y listas, ya que podría tratarse de informes incompletos, y, además, el hecho de que cada nombre se refiere a un morisco de una familia expulsada, por lo que las cifras finales estarían más cercanas a los más de medio millón de expulsados, ó incluso el millón, pues el proceso duró varios años y la logística fue completa. En un mes se podría calcular una evacuación de no menos de entre 20.000 y 30.000 sujetos, no obstante hubo pequeños períodos de tiempo de paradas por las inclemencias técnicas y climáticas ; de ahí no escatimar en el abultado pasaje en un mes. Posiblemente se acudió a los archivos de esas poblaciones y los escribientes tuvieron que ser numerosos ( ¿ Cervantes ? ) para precisar los casamientos y linajes producidos. No tuvieron tampoco suerte, y fueron evacuados ante tanta desconfianza. No tuvieron muchos problemas los reinos mahometanos del N. de África en recoger esas cargas humanas, pues siglos antes ya habían conocido sus remesas étnicas ( entonces musulmanes no converxos cristianos) , que auparon la economía de esos reinos con tanta gente experimentada en todo tipo de labores, y que vieron como de una piel negruzca pasaron a una piel suave y blanca.

Bibliografía

Carrera Pujal, J. : Historia de la economía española, – Barcelona -, 1943-1947, 5 vols.

Domínguez Ortiz, A. : La sociedad española en el siglo XVII, – Madrid -, 1963.

Reglá Campistol, J. : ¨ La expulsión de los moriscos y sus consecuencias. Contribución a su estudio ¨. en Hispania, XIII, 1953.

Robres Lluch, R. : San Juan de Ribera, patriarca de Antioquía y virrey de Valencia, – Barcelona -, 1960.

Rodríguez Jouliá Saint-Cyr, C. : Felipe III y el rey de Cuco, – Madrid -, 1954.

Viñas Mey, C. : El problema de la tierra en la España de los siglos XVI y XVII, – Madrid -, 1941.

Morisco

Hist.

Los moriscos, herederos de los mudéjares, dadas las normas de unificación religiosa dictadas por los Reyes Católicos ( 1499 ), entraron con propiedad en la historia a partir de aquella fecha al adoptar la religión cristiana, por lo menos en sus prácticas externas. Existieron anteriormente, sin duda, moriscos en los antiguos reinos de Valencia y Aragón* ( exáricos convertidos ), e incluso en Castilla. La diferencia esencial que los separó de los mudéjares fue su cristianismo oficial, que los ponía de inmediato bajo la esfera de influencia de la Inquisición. Ya en el s. XIV, de acuerdo con los acontecimientos generales de la época — peste negra, carestía, hambres, depresión —, los moriscos de los distintos reinos hispánicos sufrieron persecuciones por parte de los cristianos, quienes les atribuyeron, al igual que a los judíos, la responsabilidad de las desgracias que sobre la Península se abatían ( *al parecer por motivos higiénicos, ya que judíos y musulmanes para su higiene personal era conocida por entonces por motivos de purificación perdida en su espíritu, unos y otros por utilizar el perfume y hierbas en vez del jabón de Castilla, de ahí enfermedades provocadas en esas épocas ).

Sus bienes fueron con frecuencia confiscados bajo la acusación de enriquecimiento ilegal, aunque en realidad debían sus pequeñas fortunas a su laboriosidad ( que la efectuban sus esposas mayoritariamente en tareas del campo, eran esposas-criadas o serviles ) . Pero también se aducía como pretexto para los musulmanes para su persecución una pretendida alianza con los musulmanes de Granada, con los beréberes del N. de África y hasta con los turcos del Mediterráneo Oriental. Ciertamente, los moriscos de Aragón y Valencia mantuvieron contactos con sus hermanos de Granada, reino que para ellos representó la última esperanza de recuperar el terreno perdido en España o de disponer de un hogar acogedor en caso de emigración.

Cuando los REYES CATÓLICOS [ recientemente, se ha descubierto que el rey Fernando el Católico no era judío, ni siquiera de madre judía, porque la tal ¨ Paloma ¨ no era 100 % judía, y para que se considere cual manera, debe de serlo, igual ocurre con el Príncipe de Orange y los parientes cercanos a Cronwell, entre otros monarcas de esas épocas remotas ] decidieron conquistar el reino de Granada*, dieron el golpe de gracia a los musulmanes españoles en decadencia. Éste no fue, sin embargo, el efecto de los primeros edictos reales tras la rendición de Granada. Los términos de dicha capitulación fueron, en un principio, más generosos de lo que se podía esperar. Los musulmanes conservaron sus armas y propiedades y se les garantizó el libre ejercicio de sus leyes, religión y costumbres, así como el uso sin limitación de sus vestidos ( los moriscos de los distintos reinos cristianos habían sido obligados a vestir prendas determinadas y fácilmente reconocibles, y a vivir en barrios especiales denominados morerías ). Los magistrados granadinos continuaron en sus cargos y los súbditos pagaron los mismos tributos que antes de la rendición. En la misma línea de tolerancia cabe considerar el nombramiento de fray Hernando de Talavera para el cargo de primer arzobispo de la ciudad. Este eclesiástico, interesado por la cultura arábiga, inició una política conciliatoria que, junto a la predicación y evangelización, tendía a cristianizar lentamente a los musulmanes. Pero el proyecto fracasó, entre otras razones, porque los Reyes Católicos estaban dispuestos a conseguir los mismos resultados en menos tiempo y porque el cardenal Cisneros prefirió una política de resultados más satisfactorios con vistas a la total unificación política y religiosa española. Desde 1492 el temor, quizás infundado, de que los musulmanes granadinos se aliaran con sus congéneres del N. de África o con las escuadras turcas del Mediterráneo, aconsejó a los reyes una intervención más activa en la vida del antiguo reino musulmán. Las tropas reales fortificaron en 1493 el litoral andaluz fortificaron en 1493 el litoral andaluz para prevenir una posible invasión y se dieron facilidades a los notables musulmanes para que abandonaran la Península. A los pocos que permanecieron se les utilizó en empleos secundarios de la administración real. El descrédito en que cayó entonces el arzobispo, fray Hernando de Talavera, fue aprovechado para enviar al cardenal Cisneros en su lugar. Éste comenzó una actuación violenta, intentando la conversión en masa de los musulmanes y su bautismo forzado ( era una forma de comprobar si eran leales a sus reyes cristianos ). Su primera acción consistió en quemar públicamente todos los libros que trataban del Islam y en instituir el Tribunal de la Inquisición en Granada. El levantamiento que se siguió prendió en el barrio del Albaicín en la misma ciudad ( 1499 ), se extendió luego a toda la población ( 1500 ) y finalmente a la montañosa región de Las Alpujarras* ( 1502 ). Almería, Baza, Guadix y la Serranía de Ronda constituyeron los reductos más eficaces de este primer levantamiento de rebeldía, que no triunfó debido, entre otros motivos, a las disensiones internas de los rebelados, a su poca habilidad diplomática, a la falta de un ejército preparado y a la táctica real del soborno. Recabaron, es cierto, el auxilio del sultán de…

¡¡¡¡¡ Egipto !!!!!,

pero éste se limitó a enviar embajadores que lograron de los reyes la promesa de no obligar a los granadinos a convertirse por la fuerza ( cosa la cual, en contraposición, era indispensable en el Islam para sus sometidos ).

Despedidos los embajadores con palabras tranquilizadoras, la corona consiguió dominar la insurrección y decretó ( 1502 ) la conversión obligatoria y la expulsión inmediata de aquellos que no se atuvieran a lo dispuesto. Fue entonces cuando los musulmanes abrazaron en su mayoría la religión cristiana ( pero mintiendo, ésta causa permitida en el Islam contra sus adversarios ) ( transformándose así en moriscos ), mientras unos pocos pasaban al continente africano. Los primeros continuaron de hecho bajo los dogmas y el ritual de la secta islámica, pues sus líderes jurídico-religiosos les permitieron practicar la taqiyya o disimulo de las propias creencias para evitar la persecución ( en realidad era la mentira reconocida en el Islam contra el infiel ; el cristiano ).
Algunos llegaron a contraer matrimonio público según el rito cristiano, para efectuar luego en la intimidad el acto según la tradición mahometana. En 1508 se acentuaron las medidas represivas contra los moriscos, con la prohibición de usar la vestimenta musulmana, de conservar la lengua árabe y sus costumbres ancestrales no occidentales. No obstante, dichas medidas no surtieron efectos decisivos porque nunca fueron aceptadas. En 1520 el movimiento de las germanías de Valencia pretendió adquirir el cariz de guerra santa en inició el bautismo en masa de los moriscos del reino. Hasta entonces éstos habían servido en general a la nobleza como colonos y no habían sido molestados, fuera de algunos casos esporádicos. Se sabe, con todo, que a comienzos de siglo, vista la amarga experiencia granadina, los musulmanes de ciertas ciudades de la corona de Aragón ( Albarracín, Teruel, Manises ), se habían convertido en bloque. Carlos I, después de pacificar sus estados, se vio obligado a dictar una serie de normas entre 1525 y 1526, extendiendo a todos los moriscos hispanos los acuerdos antes adoptados en Granada. Se fijó también un plazo más o menos tácito para el desarrollo total del programa de cristianización, de unos cuarenta años, al cabo de los cuales se renovarían con más ímpetu las tendencias sublevacionistas moriscas.

Cuando en 1566 Felipe II revitalizó la legislación vigente ( que concernía a la lengua, costumbres, género de vida, ritual, etc ) llegando a suprimir los baños públicos, brotó de nuevo la revuelta en el Albaicín de Granada ( 1568 ) y se difundió a las comarcas montañosas. En esta ocasión hubo un dirigente, Ibn Umayya ( Aben Humeya ). A pesar de la ayuda…

¡¡¡ turca !!!

recibida a través del embajador otomano de Argel, que fue de poca importancia, los delegados reales, el marqués de Mondéjar primero, Juan de Austria, Pedro de Deza y el duque de Arcos después, restablecieron la paz en el momento en que el cabecilla desaparecía asesinado a manos de sus propios correligionarios ( 1571 ). En 1582 el monarca se propuso la expulsión definitiva de los moriscos, pero fue Felipe III, en 1609 y 1614, quien ejecutó la medida. Cumpliendo el edicto se procedió a la deportación..

¡¡¡ masiva !!!

de más de…

¡¡¡ 500.000 !!!

de personas musulmanas ( moriscas ), a las que, en teoría, se les permitió la conservación de sus bienes muebles. En la práctica las deportaciones fueron justificadas de muchos desaprensivos que se dedicaron a desvalijar a los expulsados ( sobre todo aquellos que habían sido ultrajados o perjudicados por asesinatos y crímenes por manos moriscas ). El edicto supuso una merma considerable en el potencial humano y económico del país ( ya que las tierras cultivadas y zonas rurales eran mantenidas por cientos de miles de mujeres moriscas ).

La mayoría de los moriscos trasladados intentaron establecerse en el N. de África y algunos formaron parte de las tripulaciones corsarias marroquíes. Estos moriscos hispanos fundaron en muchas ciudades del N. de África colonias que todavía en la actualidad ( Salé, Rabat, Tetuán ) guardan un marcado sabor hispánico y que se denominan ¨ Barrios de los andaluces ó andalusíes ¨. Otros trataron de alcanzar tierras islámicas más apartadas y, a menudo, sucumbieron en el intento mientras se dirigian a Egipto o a Constantinopla ( ya que numerosos barcos se hundieron por tormentas y el mar bravo ). Lo que seguramente no esperaban los moriscos que llegaron a nuevas tierras habiendo sido expulsados de la Península ibérica es que sus correligionarios, tras largos siglos de separación, vieran en ellos más el retrato de los españoles cristianos que el de sus propios hermanos y se opusieran, en ocasiones con violencia, a su pacífico asentamiento. ( Los españoles musulmanes eran altos, rubios y tez muy blanca, algunos con los ojos claros, y bien pertrechados, nada que ver con los turcos de aquellos tiempos que eran en su mayoría de tez morena o mulatos ).

Quizás el único país que los recibió amistosamente fue Túnez, territorio a la sazón dependiente del imperio turco. Los moriscos se organizaron entonces como cuerpo social específico bajo las órdenes de un jeque, hasta que, a fines del x. XVII, los escasos moriscos supervivientes en Españay los emigrados fueron perdiendo su idiosincrasia y se integraron en sus comunidades respectivas. ( Aunque los pocos que quedasen como trabajadores del campo fueron obligados a marchar por la presión de nobles cristianos españoles a sus señores propietarios para los que trabajaban las ricas tierras* ).

 

 

Bibliografía

Hist.

Caro Baroja, J. : Los moriscos del reino de Granada, – Madrid, – 1957.

Lepeyre, H. : Géographie de l´Espagne morisque, – París, – 1959.

Epalza, M. de : Moriscos y andalusíes en Túnez durante el siglo XVII,

– Al-Andalus, – Madrid-Granada, – 1969, 34, 247-327.

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